0 rpm.
Cuando se me hinchan los huevos, me cago en su madre.
En la de todos los hijos de puta que me joden la vida.
“¡Tranquilo!”, me dicen, “¡Que os follen!”, les digo yo.
300 rpm.
¿Que qué hijos de puta? Todos.
Ciclistas imbéciles ralentizando el tráfico,
peatones de mierda que van sin mirar,
taxistas y coches petando la ciudad.
600 rpm.
Los putos moteros,
las putas sirenas,
el puto autobús
y la puta Renfe.
Señoras petardas,
señores babosos,
mocosos chillones,
porteros cotillas.
300 rpm.
Me dirás qué necesidad tengo
de soportar su insolente presencia,
de aguantar sus impertinencias molestas
que convierten el día en un terreno hostil.
0 rpm.
Cuando se me agria el carácter, me doy un lavado.
Suavizo todos los odios que me amargan la vida.
“¡Buen día!”, me dicen, “¡Quedad con Dios!”, les digo yo.
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jueves, 12 de julio de 2018
martes, 26 de junio de 2018
Llanto a llanto
Tu inquietud me hace pensar
en las aves de paso que se estrellan
contra los faros en las noches de tormenta:
seguros de haber encontrado
la luz del norte,
condenados a la eterna oscuridad
de las profundidades.
Los ojos claros, desde donde se asoman
las tinieblas de tu esencia,
son mi guía en la negrura.
De donde yo bebo mi paz,
emanan tu angustia y tus monstruos
marinos.
Ojalá pudieras
ver tu luz a través de mis ojos negros,
porque entenderías cuán falsas
son tus certezas
y cuanta risa te pierdes
llanto
a llanto.
Y quizá yo entendería por qué
te precipitas
paso
a paso
hacia el final de la cornisa,
desde donde puedes volar con una pequeña zancada
hacia el fondo
sosegando tu inquietud.
Me haces pensar en las aves, de paso,
que se estrellan contra los faros,
en las noches de tormenta.
en las aves de paso que se estrellan
contra los faros en las noches de tormenta:
seguros de haber encontrado
la luz del norte,
condenados a la eterna oscuridad
de las profundidades.
Los ojos claros, desde donde se asoman
las tinieblas de tu esencia,
son mi guía en la negrura.
De donde yo bebo mi paz,
emanan tu angustia y tus monstruos
marinos.
Ojalá pudieras
ver tu luz a través de mis ojos negros,
porque entenderías cuán falsas
son tus certezas
y cuanta risa te pierdes
llanto
a llanto.
Y quizá yo entendería por qué
te precipitas
paso
a paso
hacia el final de la cornisa,
desde donde puedes volar con una pequeña zancada
hacia el fondo
sosegando tu inquietud.
Me haces pensar en las aves, de paso,
que se estrellan contra los faros,
en las noches de tormenta.
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sábado, 8 de junio de 2013
Hilando historias
“Anoche soñé con verte desnudo para perder la cabeza…”, comienza la rubia madurita con un hilillo de voz que se pierde entre las sábanas. Es su historia de guerra, una tela de araña sutilmente trenzada y adaptada para cada una de sus conquistas.
Esa noche la rubia madurita, arquea una ceja con sorpresa mientras su última conquista de ojos verdes comienza a recitar. “Anoche soñé con verte desnuda para perder la cabeza…”.
“…, cabeza de ondas azabache que se tejen entre mis dedos…“, susurra el señor mayor de ojos grises a la morenaza de pelo rizado.
“…, dedos obsesionados por explorar tu cuerpo dorado, por pespuntar tus tenues contornos…”, musita la dama de melena ensortijada al jovenzuelo de tez tostada.
“…, contornos de nieve en tu piel blanquecina que nublan mis sentidos y deshilachan mi razón…”, encandila el bronceado cachitas a su pálida princesa.
“…, razón de más para enredarme en tus ojos esmeralda recreando fielmente la fantasía de anoche“, se sincera la muchacha de aspecto blanquecino con su nuevo amado de ojos aceituna.
Esa noche la rubia madurita, arquea una ceja con sorpresa mientras su última conquista de ojos verdes comienza a recitar. “Anoche soñé con verte desnuda para perder la cabeza…”.
martes, 30 de abril de 2013
Reflexiones de un moribundo
¡Todo el tiempo que he perdido!
La sentencia me golpea una y otra vez
mientras observo ensimismado la danza de las llamas.
Es cierto lo que dicen,
estampas de una vida se suceden en mi mente,
transformado en espectador de mi propia crónica.
La puerta está cerrada, las llaves inalcanzables,
la ventana está tremendamente alta y el suelo tremendamente lejos.
Ahora, resignado, espero a la Parca, pues
aceptar mi destino me permite hacer balance.
Pasé por el mundo de puntillas, obedeciendo a todos en todo.
No tengo principios, no tengo ideales, ni nada ni nadie por lo que luchar.
Siendo libre elegí la esclavitud.
¡Qué triste existencia!
El humo se espesa y la habitación se desdibuja mientras instruyo mi propio juicio.
¡Qué triste existencia!
Siendo libre elegí la esclavitud.
No tengo principios, no tengo ideales, ni nada ni nadie por lo que luchar.
Pasé por el mundo de puntillas, obedeciendo a todos en todo.
Aceptar mi destino me permite hacer balance.
Ahora, resignado, espero a la Parca, pues
la ventana está tremendamente alta y el suelo tremendamente lejos.
La puerta está cerrada, las llaves inalcanzables.
Transformado en espectador de mi propia crónica,
estampas de una vida se suceden en mi mente,
es cierto lo que dicen.
Mientras observo ensimismado la danza de las llamas,
la sentencia me golpea una y otra vez.
¡Todo el tiempo que he perdido!
La sentencia me golpea una y otra vez
mientras observo ensimismado la danza de las llamas.
Es cierto lo que dicen,
estampas de una vida se suceden en mi mente,
transformado en espectador de mi propia crónica.
La puerta está cerrada, las llaves inalcanzables,
la ventana está tremendamente alta y el suelo tremendamente lejos.
Ahora, resignado, espero a la Parca, pues
aceptar mi destino me permite hacer balance.
Pasé por el mundo de puntillas, obedeciendo a todos en todo.
No tengo principios, no tengo ideales, ni nada ni nadie por lo que luchar.
Siendo libre elegí la esclavitud.
¡Qué triste existencia!
El humo se espesa y la habitación se desdibuja mientras instruyo mi propio juicio.
¡Qué triste existencia!
Siendo libre elegí la esclavitud.
No tengo principios, no tengo ideales, ni nada ni nadie por lo que luchar.
Pasé por el mundo de puntillas, obedeciendo a todos en todo.
Aceptar mi destino me permite hacer balance.
Ahora, resignado, espero a la Parca, pues
la ventana está tremendamente alta y el suelo tremendamente lejos.
La puerta está cerrada, las llaves inalcanzables.
Transformado en espectador de mi propia crónica,
estampas de una vida se suceden en mi mente,
es cierto lo que dicen.
Mientras observo ensimismado la danza de las llamas,
la sentencia me golpea una y otra vez.
¡Todo el tiempo que he perdido!
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